El PRI arrasará: Mitofsky

Por Óscar González
- Profeco: ineptos y corruptos
Consulta Mitofsky se ha convertido al menos en los últimos años –los correspondientes a la dirección de Roy Campos– en el gurú de las predicciones electorales. No han fallado una. Cierto es también que la encuestadora siempre advierte a los lectores de sus trabajos que las situaciones pueden cambiar de un momento a otro, y que en términos de comicios electivos el único momento decisivo son las propias votaciones.
Sin embargo, para las elecciones de Quintana Roo es muy significativo que a sólo cinco meses de la jornada del 4 de julio las preferencias son apabulladoramente favorables al Partido Revolucionario Institucional.
Las cifras que corrieron ayer, como reguero de pólvora: las simpatías para el PRI alcanzan el 51 por ciento. Al Partido Acción Nacional le llegan apenas 17 puntos porcentuales de la intención de los votos, y el Partido de la Revolución Democrática, en el mismo muestreo, no alcanzó a levantar más que un paupérrimo 11 por ciento de votantes que simpatizan con su causa.
Esto se registraba apenas hace unos días, pues la encuesta se cerró el 27 de enero.
Es obvio que si bien la derecha y la izquierda políticas en Quintana Roo no despiertan simpatías capaces de enfrentar al partido en el gobierno una mega-alianza en torno a la figura del alcalde de Cancún Gregorio Sánchez Martínez pudiera resultar mucho más atractiva al electorado que las banderas políticas de los partidos, pero la pregunta sería si la soñada coalición en torno al candidato sería capaz de sustraer al PRI los suficientes votos como para derrotarlo, dada esa enorme desventaja de los institutos políticos opositores, incluso juntos y sumados. Se antoja muy difícil, la verdad.
Los factores son obvios: el priista Félix González Canto es uno de los mandatarios estatales mejor valorados del país; la recuperación de playas, la resistencia tozuda y tenaz a los escenarios más adversos del actual gobierno y su capacidad para emerger de las sucesivas crisis –económica y sanitaria, ambas de singular virulencia para la actividad turística– han hecho que la ciudadanía valore muy positivamente la gestión del PRI-gobierno. La oposición, por su parte, no ha hecho más gestos que los correspondientes a una desesperada aglutinación en torno a un candidato con perfil ganador, sacrificando sus principios, postulados e historial político de sus militantes, que la ciudadanía percibe como una feroz lucha por los huesos del gobierno, como un oportunismo deschavetado.
No resulta raro que el PRI en Quintana Roo lleve una clara delantera: Gregorio Sánchez –aspirante que ya quisieran en cualquier parte del país–, padece una pobreza de partidos postulantes, cuya pequeñez sólo puede compararse a la insaciable voracidad de sus pillastres liderzuelos.
Una caterva de bribones es la que se supone que haría fuerte al alcalde cancunense. Partidos sin fondo, sin activismo, sin trascendencia y sin votos.
Como se ve, a esta corta distancia, este arroz ya se coció.
HELADA MADRINA
Decíamos que al juzgar la actuación de la Procuraduría Federal de Protección al Consumidor en general, y en un caso particular que expusimos, no quedaba ninguna otra posibilidad que calificar a la burocracia que la representa en Quintana Roo como inepta, corrupta o ambas cosas a la vez. Café Negro lanzó una encuesta informal a sus lectores, una pregunta al aire o una botella con un mensaje a las olas de la mar, como se quiera. Algunos lectores nos respondieron que los señores de la Profeco eran corruptos, sí, pero todos coincidieron en que eran estúpidos –por usar el más blando de los adjetivos expresados.
Narramos aquí, como paréntesis, una experiencia personal. Cierto día una sobrina nos hizo una grata visita a este bello estado en plena temporada alta decembrina. Ansiosa de conocer nuestros famosos destinos turísticos, se dispuso a embarcarse –por tierra, vía ADO– con rumbo al sur. Al llegar a la estación de autobuses –bien llamada terminal en este México nuestro– mostró su credencial de estudiante de la UNAM –la única universidad mexicana reconocida entre las mejores del mundo, by the way– para obtener el famoso descuento a estudiantes. La señorita de la taquilla le dijo que no era suficiente tal identificación, pues necesitaba una carta firmada por la máxima autoridad de su centro educativo –en este caso el mismísimo rector– para demostrar su calidad de estudiante. De raza le viene al galgo –y para café negro, café espresso: por milagro y como veinte minutos después llegaba por fax una carta firmada por el mismísimo doctor Juan Ramón de la Fuente, certificando que la nena era una de sus chorrocientas mil pupilas en la ínclita casa de los pumas, en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. Cabe aclarar que la diferencia entre un boleto de estudiante y uno regular era como de 20 pesos, pero eso ya era cosa más bien de honor universitario, no de economía, insignia que por cierto costó cuatro horas de espera y llamadas de larga distancia por más de 200 pesos a la fierecilla azul y oro.
Huelga decir que al reportero de Café Negro ya lo habían sacado honrosamente y con una amable patada en el culo los amables guardias blancos de seguridad privada de la terminal del ADO, cuando se enteró que después de haber validado la documentación de la estudiante le dijeron las expendedoras de boletos que todo estaba bien, pero que ya se habían cubierto los lugares para tarifas especiales para todo el día, en todas sus corridas.
Como en la entrada de autobuses no había vigilancia, por ahí nos metimos con cara de vendedores de muéganos. Uno por uno hablamos con los 37 pasajeros del ADO. No había ninguno que superara los 50 años, no hubo de entre ellos alguien que dijera ser estudiante y, como en viernes de quincena, los maestros brillaban por su ausencia.
Ya a bordo, a pesar de nuestro carácter de non gratos, no tuvimos mucho trabajo que hacer para que el chofer le comunicara a su central que, efectivamente, los lugares especiales de la partida estaban vacantes. Fue entonces cuando las rabiosas señoritas que venden los boletos llegaron hasta el autobús jalando de la solapa al inspector de la Profeco, que por cierto en plena temporada alta y a la hora de mayor afluencia de pasaje tenía su puesto en la terminal como altar de muertos en tres de noviembre: totalmente abandonado. Cuando el fulano se identificó como defensor del consumidor pensamos que nuestra causa estaba salvada, pero de inmediato el sujeto –por cierto bastante alcoholizado– se dedicó a amenazarnos a nosotros –los consumidores– con llamar a la fuerza pública si no desalojábamos el autobús.
Hay que decir que si los pasajeros se empezaron a encolerizar no fue por solidaridad con nuestra causa, sino porque su viaje a Playa del Carmen de 30 minutos se había transformado en hora y media de espera, por lo menos.
Ante tal inquietud y profusión de mentadas de madre, los empleados de ADO llegaron a la sana y razonable conclusión de que más valía respetar sus propias normas del juego que ser linchados por una turba de pasajeros no precisamente amigables, ya a esas alturas.
No lo va el lector a creer, pero cuando la señorita de la taquilla al fin se subió al enardecido camión para entregar el boleto con el debido descuento, el hombrecillo de la Profeco quiso oponerse, alegando abusos del consumidor en contra de la pobrecita empresa. La empleada entonces, con una diestra llave digna de los más expertos luchadores de la WWE, le recetó un doloroso “calzón chino” y de ese modo lo bajó amablemente de la unidad. El minúsculo profequito debe seguir escaldado de salva sea la parte por culpa de su enjundiosa defensa de los derechos del “consumidor”.
HOMÚNCULOS
Ya le habíamos contado al lector acerca del via crucis que pasó una empresa al recurrir a la Profeco.
Se nos acaban las líneas disponibles, pero mañana le contaremos –y documentaremos– el trato infamante que la dependencia federal que se supone que está para defender a los consumidores –al menos en su Delegación Quintana Roo, y particularmente en la Subdelegación Chetumal– dispensa, precisamente… ¡a los consumidores!
Está para los anales del surrealismo mexicano.
GRILLOGRAMA
Mala pata…
A Greg, por más señas tales
Aquí, le tocó de males
Para enfrentar a González
Una ranfla de vivales















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